Thursday, August 1, 2013

Dos días en Manchester

O cómo sobrevivir a toda serie de inconvenientes y obstáculos que el Universo trata de interponer en tu camino para que no disfrutes de tu miserable vida.

Veamos. Todo empezó ayer por la mañana, 31 de Julio del año 2013 de Nuestro Señor, 33 cumpleaños de Harry James Potter, un miércoles cualquiera.

Yo cuando me voy de viaje nunca pierdo el tren ni nada, eso sólo lo hago cuando tengo que ir a Weybridge. Y sé que es culpa de mi subconsciente y no mía.
Pues bien, me levanté bastante temprano, considerando que mi tren salía a las 9:20, y me duché, y me alisé el pelo a conciencia. Cuando salí a coger el Overgound de las 8:30, teniendo en cuenta que mi casa está justo en frente de la parada, alguna fuerza del mal decidió que en ese intervalo de dos minutos iba a caer una lluvia torrencial sobre mi cabeza.

Gracias, Universo.

Sólo son tres paradas en Overground para hacer transbordo a la Victoria Line. No fue especialmente traumático.
Cuando llegué a Highbury & Islington, resulta que por el hecho de que no hay escaleras mecánicas de bajada, hay una cola de diez minutos para poder acceder al andén. WTF, Londres, WTF? No podéis andar un poquito más deprisa? En serio.

Gracias, TFL.

Una vez en el andén existe el proceso de “tonto el último” para meterse en un vagón. La ventaja que yo suelo tener es que la gente camina en grupos de dos o más y yo suelo ser la pobre niña sola de cabello encrespado (ver entrada anterior), entonces donde no cabe una parejita yo pego un empujoncillo y consigo entrar en el primer metro. Este comportamiento me lleva a tener que surfear en movimiento, ya que no hay disponibles barras verticales para mi sujeción y mi estatura me impide alcanzar la barra horizontal. También me lleva a tener que darle explicaciones verbalmente o con la mirada a cualquiera con el cual me haya tropezado en el proceso. Les digo que es que tengo que coger un tren a Manchester. Entonces se compadecen de mí, ya que saben que ya tengo bastante con tener que irme a Manchester.

Llegué a Euston con 20 minutos y sin haber imprimido el billete. Busqué en las máquinas la manera de hacerlo, me desesperé un poco al no encontrarla, y decidí ir a por un café a Caffe Nero® y echar una buena fika®. En el Nero había tanta cola que nunca jamás habría conseguido nada, así que tuve que ir al ATM Coffee o como se llame. Bah. Los sitios sin Loyalty Card no me inspiran ninguna confianza.
Conseguí echar media fika rápidamente y sacar el PDF del billete de mi iPhone®.

Una vez en mi vagón de First Class ya me sentía mucho mejor con este viaje infernal. Hasta decidí pedirme el desayuno vegetariano complementario. Consistía en OJ, salchichas químicas sin animal, huevo y tomates. Esto me satisfizo y empecé a dar pequeños mordisquitos a las cosas esperando pacientemente a que me trajesen lo que se me aseguraba que se me iba a ofrecer: tostadas y croissants. Menos mal que decidí desistir y comerme el huevo, porque las tostadas llegaron en Macclesfield, las hijas de puta.

Gracias, Virgin Trains.

Una vez en Manchester me tomé mi tiempo, dando un paseo con una ligera llovizna hasta Piccadilly Gardens y cogiendo un café en el Costa® para llevarlo en el tranvía.

Tuve unas reuniones fructíferas durante el día, pero no vamos a entrar en detalles ya que es classified information clearance level 3.

A las 18h decidí dar el día por zanjado e irme a chequear in en mi hotel y al cine.

La elección de calzado fue bastante fallida, pues hay días que mis botines deciden que me quedan grandes. Ayer por supuesto fue uno de esos días, porque ayer fue un día por joder. Los diez minutos de la oficina a la estación, bajo la ligera llovizna, andando a lo Oda Mae Brown y cargando con la mochila, fueron bastante infernales. En mi mochila tenía mis sandalias, pero llevaba medias y estaba lloviendo, así que no me parecía nada apropiado.
Decidí bajarme en Market Street y visitar Office en busca de esas Fred Perry de skineto que hace meses que quiero.
Las tenían allí y las pedí en una talla 6. Me dijeron que vale, que ahora me las traían.
Después de 10 minutos le dije al tipo “oye tronco”. Ni se acordaba de lo que quería ni le importaba. Me pareció muy Pretty Woman, con mi aspecto de pobre niña sola de cabello encrespado teniendo que alegar que “tengo pasta larga para gastar”.
Después de otros 5 minutos vino otra dependienta con un nivel de desdén todavía más alto que el del anterior, para decirme que sólo tenían la talla 7.
Si me hubieran tratado con cierta cortesía, les habría pedido la talla 7, que al fin y al cabo es la mía, pero como eran unos hijos de una furcia, pues...

Gracias, Office.

Pues me fui a Topshop. Allí ojeé por encima los zapatos caros pero en mi cansancio e inhabilidad para andar decidí ir a los baratos. Allí vi unas bailarinas normales talla 39 que me servirían para completar mi camino del día y poder irme al cine. Me probé la zapatilla derecha, como es costumbre, me pareció bien, y las compré.
Estuve en la cola seis o siete años, y pagué £16 por lo que pensaba que me salvaría de un absoluto calvario.
Antes de cambiarme de zapatos pasé por la puerta de Office con la bolsa de Topshop en la mano y dije “Holaaaa, se acuerda de mí? Estuve aquí antes y no quiso atenderme! Trabaja a comisión, verdad? Pues metió la pata! Hasta el cuello! Adióooos, me voy de comprasss!”.
Nah, sólo pasé por la puerta con aire de superioridad.
Luego me senté en un banquito a ponerme las bailarinas y poder llegar a mi hotel.
Caminé cuatro o cinco metros pensando que la zapatilla izquierda estaba un poco prieta. Me la quité y comprobé que en efecto era el 39 y no el 38. Pues nada, resulta que mi pie izquierdo es una talla menor que el derecho, dios mío, soy deforme, soy mutante, qué verguenza, no puedo ir a devolverlas alegando esto, etc.
Con este sufrimiento / descubrimiento, llegué al Britannia Hotel. El Britannia Hotel es el edificio que siempre está en mi puta cara cuando llego a Manchester. Por algún motivo ayer no lo estaba, ayer conseguí irme a la izquierda en lugar de a la derecha todas las veces, y convertir un paseo de 7 minutos en una caminata de 20. Con un pie más pequeño que otro. A todo esto, el cine empezaba a las 20:15 y eran las 19:30. Bueno, el cine está al lado, seguro que me da tiempo.

Llegué al hotel y chequeé in. Pagué un precio ridículo por mi habitación y se me indicó el camino hacia ella. Cuando la tipa me dijo que siguiera recto que era en el Ground Floor, ya me olió a chamusquina.
Room 049. En el Ground Floor. Abrí la puerta. Entré. Lo miré. Abrí la puerta. Salí.

Fui a Recepción a alegar que muchas gracias por darme una habitación tan barata, pero para dormir en un cuarto sin ventana o en un armario, podría haber pasado la noche en el arroyo.
Exigí que se me cambiase la habitación por una con ventana. Todo esto lo hice con encanto, no con la bordería que normalmente me caracteriza. Esto os lo podéis creer si queréis. Dudo que lo hagáis.

El recepcionista búlgaro que me atendió fue muy amable y me aseguró que iba a darme la habitación con la ventana más grande de todas.
Se lo agradecí mucho y pensé que fue muy amable.

De hecho fue tan amable que ya me olió de nuevo a chamusquina.

Cuando llegué a mi nueva habitación, en el piso 5 y último, me deleitó ver que era espaciosa y tenía ventana. Sí. Una ventana gigantesca que no se abre más de 10 centímetros y da a un aparcamiento y a la parte de atrás de la City Tower.

Se estaba vengando a la vez que cumpliendo mi requisito.

Gracias, Recepcionista búlgaro.

Eran las 20:02. Aún me daba tiempo a ir al cine, pues está a 7 minutos andando del hotel. Lo sabía porque lo había mirado dos veces, pero también porque había pasado por él cuando me había perdido para llegar al Hotel desde LA ESQUINA DE AL LADO.

Decidí que dada mi deformidad en el pie izquierdo, no podía ponerme las bailarinas, así que tendría que hacer el esfuerzo de llevar sandalias con medias.
Cuando me quité las bailarinas, me di cuenta de que la derecha era la 40 y la izquierda la 39.

Gracias, Topshop.

Esto me demuestra que mi talla es la 40 y los botines son mágicos, pero también que me cago en la puta.

Me fui corriendo al cine, por el que había pasado antes de llegar al hotel. Conseguí, no obstante, perderme, bajo la ligera llovizna, en sandalias con calcetines.
Llegué a tiempo, a las 20:10. Hay anuncios, hay trailers. No importa si llegas un poco tarde.
Pero sí importó, porque había cola en todas las máquinas, en todas las taquillas. Colas kilométricas.

Gracias, Orange Wednesdays.

Me encantan los Orange Wednesdays. Dan 2 x 1 en entradas del cine para los clientes de Orange. Yo si quiero puedo pedirle a alguien un código de Orange y aprovechar la oferta. El problema es que soy la pobre niña sola de cabello encrespado y no es 1 x 0.5. Así que hago cola, sola, mientras me rodeo de gente que aprovecha la oferta y crowdea mi cine.

Por supuesto cuando llegó mi turno, la máquina se bloqueó y tardó doscientos años en dispensar mi entrada. También me había olvidado mi tarjeta Odeon Premiere Club y no pude ahorrarme nada de los £9.45 que tuve que pagar.

Todo este día ha transcurrido sin que yo haya ingerido nada salvo esas salchichas vegetarianas y el huevo del principio. Así que me pareció lógico y normal pedir un Combo mediano de palomitas y Pepsi® y considerarlo como gasto de cena de viaje de trabajo. Si es que no les puedo salir más barata. Oye esta historia es cada vez más Kit DeLucca.

Bueno, pues pienso que me perdí dos minutos de peli como mucho. Pero no creo que fuesen unos minutos cruciales, ya que aún no había sido presentado el personaje de Melissa McCarthy.

Ah, vi The Heat.

Me reí como un auténtico jabalí bebé que está aprendiendo a correr por los campos.

Pensé que mi día había mejorado ostensiblemente tras ver tal obra maestra del cine actual.

Y por supuesto pensé que era imposible que me perdiese para volver al hotel, ya que ya había hecho ese trayecto tantísimas veces.

No me perdí, pero no tuve ninguna confianza en ningún momento.

Al llegar a mi habitación de gran ventanal que no se puede abrir, puse la televisión y me hice un té.
Ponían mierdas y Tango y Cash, así que dejé Tango y Cash.

Luego vi que ponían Man on Fire en otro canal y la pillé empezada. Decidí apagarla y dormir.

La última vez que estuve en Manchester estuve en un hotel feo y sin ningún encanto, en medio de la nada, que me cabreaba. Garantizaban “a great night’s sleep or your money back”. No he dormido mejor en mi vida. En toda mi vida. Eso me cabreó también, ya que no pude quejarme del maldito hotel en medio de la nada.
Este hotel está en medio del meollo, es bonito, es guay, es rock star, tiene una escalinata. Y está lleno de viejos borrachos porque el bar es absurdamente barato. Bah. No dormí muy bien pero es más nuestro rollo quedarse en sitios así.

Esta mañana me he despertado tranquilamente y he echado una fika en el baño. Que se jodan.
Después de otro té, he conseguido descubrir el funcionamiento de la ducha de pared y usarla. Apenas salía agua pero he lavado mi cabellera confiando en que mi plancha me ayudaría a domarla después de sufrir con mi peor pesadilla, también conocida como “secador de hotel”.

Tras unos diez o doce días, sequé mi pelo. Lo sequé en plan “seco”, sin dar ninguna importancia a su nivel de encrespamiento rozando el look electrocución.

Luego he sacado mi plancha para enchufarla. También traje mi tapa de boli BIC que utilizo como adaptador. Esto, amigos, funciona siempre.
Pero hoy no.
Tras buscar un adaptador por toda mi mochila, tras buscar algún otro palo que insertar en el tercer hueco del enchufe, tras romper el cargador de mi Nokia para insertar el palo y debajo la plancha, he tenido que desistir. La pobre niña sola de cabello encrespado hoy ya era una realidad innegable, sin importar con qué ojos la mirases.

Gracias, Inglaterra.

Esta es la cuarta página de Word a espacio único y todavía no he terminado de quejarme ni de la mitad de las cosas que me iba a quejar. Os voy advirtiendo.

Pues he salido del hotel haciendo algo de tiempo, parando a tomar un café, y con intención de ir a Topshop a cambiar la bailarina izquierda del 39 por una bailarina izquierda del 40.
El dependiente ha sido muy amable y ha ido a buscar mi bailarina izquierda. No quedaban. Pensamos que una con con un pie más grande que otro hizo el trueque. Así que me tuve que ir con un refund, y en sandalias. Por suerte hoy hace CUATROCIENTOS grados y podía llevar sandalias sin medias. Alguna ventaja tenía que tener.

Tras mi nuevo fail, me dirigí a la parada del tranvía.
Cuando ayer leí que se celebraban The Ashes en Old Trafford pensé “pues vale”, pensé que no pasaba nada, que no era algo que me tuviese que importar.
Cuando llegué a la parada del tranvía, había gente. Gente a rebosar. Gente con banderas de Australia colgadas en forma de capa, gente con trajes hechos con la Union Jack. EL CRICKET!
Y es que les gusta el Cricket, amigos, les gusta el Cricket.

Gracias, Cricket.

(Que no Grillo®!)

Les gusta tanto el maldito cricket que he tenido que esperar tres tranvías hasta que he tenido que desistir. Luego he leído en twitter que había que esperar 75 minutos de media para poder meterte en uno.

Pero antes de leer eso he decidido ir probando suerte en otras paradas. Todo esto en sandalias que apenas he estrenado y por supuesto provocan heridas en mi pobre piéa.

Tras recorrer tres paradas he llegado a Deansgate, un poco el borde de lo que llaman “City Centre”, y he decidido coger un teko.
Para coger un teko sólo se necesita dinero en efectivo. Para conseguir dinero en efectivo sólo se necesita un cajero. Para conseguir un cajero sólo hay que ir a, no sé, cualquier esquina en cualquier ciudad civilizada.
Pues no, aquí no. Aquí hay que andar diez kilómetros bajo el sol entre carreteras desconocidas para llegar al primer banco existente.

Divisado en la acera de enfrente, tuve que arriesgar mi vida para cruzar la calle y llegar al Oasis que para mí en ese momento era el Banco Santander.
El Banco Santander ocupaba todo un edificio y tenía un solitario cajero. Ese solitario cajero, ese oasis, tenía una pantallita que reflejaba la luz del sol, al igual que lo refleja ese estanque con la palmerita del desierto.
Al acercarme a la pantallita, ponía SORRY FOR THE INCONVENIENCE.

HIJO DE PUTA.

Ahí es cuando he llorado un poco y he estado a punto de volver al centro a cogerme un tren de vuelta a Euston.

Pero la PNSDCE es más fuerte de lo que parece, y he conseguido llegar a un Natwest.

Gracias, Natwest.

No, en serio, gracias.

Afortunadamente había muchos taxis gracias al maldito cricket (que no grillo®), así que he cogido uno y me ha llevado a Sale.

En Sale he decidido que merecía comer algo, así que he comido algo antes de subir a trabajar.

He trabajado. Ha sido horrible. De nuevo, classified.

Creo que ya no me quedan cosas por las que quejarme, puesto que he podido salir de la oficina a las 16:35, he llegado holgadamente a la estación, me ha dado tiempo a tomarme una cerveza y unas pat... Ahá!
Sí, me puedo quejar. Me han cobrado £8.80 por una cerveza y unas patatas. Si no fuera porque cuenta como mi comida del día, me habría molestado.

Ahora soy un ser de cara brillante, en un tren. Es un poco como volver de Benicássim, pero en First Class.

Este trayecto de vuelta está siendo fantástico, me tratan fenomenal. Me han traído dos cervezas, uvas con queso y mucha amabilidad.


Gracias.

Tuesday, July 30, 2013

Fellow Commuters

Hoy he ido a trabajar. Sé que digo esto mucho, pero hacía tanto tiempo que no iba que por un momento ni siquiera sabía a dónde ir.

El trayecto en cuatro trenes me ha inspirado a ilustraros a los personajes estándar con los que me encuentro cada día.


Mientras fuera cae la fina llovizna que encrespa tu pelo y hace resplandecer tu cara, ella entra en el tren, con sus cabellos suaves y con un brillo que sólo un anuncio de Pantene puede recrear. Yo estoy bastante convencida de que es gente que vive en túneles. Túneles con microclima.



 Sweet! Tasty! Delicious! Sugar Crush!


En un mismo vagón, el promedio de gente que juega al Candy Crush es del 60%. El otro 40%, si están sentados a su lado, admirarán el progreso criticando en su cabeza el mal uso de la habichuela de rayas que podía haber roto varios jellies con un único movimiento. Si ese 40% no está jugando, es porque se les han acabado las vidas hasta dentro de 29 minutos.


No importa la hora, siempre hay uno que desayuna, merienda o cena alguna cosa apestosa del McDonalds, el Subway, el EAT o el Kebato más sucio de la esquina. Los sentimientos encontrados son entre asco puro y envidia extrema.


Uno tiene el Metro abierto y se topa con la sección de Guilty Pleasures. Todos queremos leer la sección de Guilty Pleasures, así que lo miramos con disimulo. Podríamos coger nuestro propio periódico, pero creemos que está por debajo de nuestro caché. También nos gusta juzgar a las que leen Fifty Shades of Grey o Gone Girl. Pero queremos saber de qué va.


Y esta soy yo, que he paseado a mi llama Ola por toda la ciudad. No quería guardarla en la mochila, quería enseñarle la city.

Thursday, July 25, 2013

Los martes nunca pasa nada.

Eso dije.
Luego de repente me encontré en Holloway Road a las 3 de la mañana.

Lo que pasó realmente fue que me tomé unas cuantas cervezas, y luego compré unas patatas fritas en un chicken place. No eran Dixy pero estaban bastante ricas.
Me subí en un autobús camino de mi hogar, y en uno de los traqueteos, todas mis patatas fritas se cayeron al suelo. Eso me llenó no sólo de una profunda tristeza sino de una vergüenza exacerbante que provocó que me tuviese que bajar del autobús por las miradas de juicio que recibía.
Lo que vino después fue un claro ejemplo de por qué tengo que ir a un estudio neurológico al respecto de la orientación.
No soy capaz de quedarme quieta y consultar un mapa, así que camino sin rumbo. Ya encontraré la salida. Ya encontraré una esquina en la que mirar el mapa.
Pero me quedé sin batería en el CityMapper®. Tuve que llamar al Grillo desde el Nokia para pedirle que me dijese cómo podía volver a las escuelas.
El Grillo me preguntó dónde estaba, y me dijo que fuese hacia abajo. Pero yo, siendo yo, me fui hacia arriba. La siguiente instrucción de Grillo fue "estás en Hornsey Road? Vale, ahora lo que tienes que hacer es cruzar la calle y COGER UN TAXI".
Cogí un taxi. Ay, pobre Chuck.

Fue una noche muy curiosa llena de canadienses.

Ayer pasé una resaca que hacía tiempo que no vivía. De hecho, fue similar a la del anterior martes que me dio por salir, en Madrid. Same game, different players.
Por suerte salí a comer fuera y eso me ayudó. Fue un día soleado y pude comprarme unas sandalias.

Por la noche, para completar el ciclo de día de resaca perfecto, compré una pizza en el Pembury para traerme a casa y comerla viendo buena televisión. Iba a ver Oblivion, pero me lié y vi un documental sobre el Ala en YouTube. Fue maravilloso.
Me desperté a las 4:30 en el sofá, mientras fuera caía un monzón que inundaba Amhurst Road. Esto es porque ya me he comprado las sandalias y eso marca el final del verano.

Y hoy doy un vuelco a mi vida y trabajo. He hecho tanto trabajo entre las 8:39 y las 10:20 que se te va la olla. Soy el as de la procrastinación, la reina del último minuto, el quarterback del a toda hostia.

Tomé doble café (®Grillo - Fell in love with a girl)

Voy a seguir trabajando, y hoy sólo voy a beber agua. Y vino tinto.

Tuesday, July 23, 2013

Otro martes.



Busco las ganas de trabajar. No sé dónde las he puesto, no encuentro nada por aquí. Anoche me hice una To Do List del tamaño de un pequeño versículo del Quijote, y la miro, y no, no veo ningún item por el que empezar que pueda ser medianamente excitante.

La buena noticia es que ayer por fin hice un geoguessr casi perfecto. Me llevó hora y media, pero quedó así:


Por la carretera de Texas pensaba que me iba a rendir, pues tuve que recorrer King County Rd y la Co Rd 113 durante 45 minutos.
Una vez haces una hazaña tan honrosa, no puedes seguir jugando al geoguessr, porque nunca lo superarás, y cualquier carretera pixelada de Iowa no será satisfactoria. Con esto zanjo otra de mis adicciones, siguiendo al Apalabrados, el Sudoku y el IMDB Trivia.

Qué será lo siguiente? Me gustaría decir que una necesidad apabullante de orden, control, ejercicio y nutrición, pero lo más probable es que sea otra chorrada que no sirva para nada. Ya os diré.

Ayer estuve en el cine, con mi chaquetita y mi compi, viendo The World's End. Reí mucho, y me dolió la cara a la salida de tener la mueca sonriente. Y todo por £5. Sin duda es el verano de la risa y el Pub Crawl. Desafortunadamente, nuestro Pub Crawl está algo estancado por culpa del Bobo que se ha ido a Devon, y estamos aún en el pub 50.

En otras novedades, me he comprado un ventilador, al que voy a llamar Donald. Está viniendo desde el depot de London Bridge, y lo trae Andrew, mi DPD driver, y la App me dice dónde está Andrew en el mapa y cuánto tiempo le queda para entregar mi envío. El Futuro es la hostia.
Por supuesto como me he comprado un ventilador, la ola (ke ase) de calor ya se está marchando y volveremos a la normalidad. Pero es rojo y es una monada, y quedará muy bien en mi alcoba. Eso cuando mi alcoba no esté invadida por zapatos por el suelo y una bolsa que contiene la colcha que utilizo para irme de picnic, que está llena de hojas, ramas, y probablemente arañas de London Fields. Ah, y cáscaras de... cáscaras? de mandarina? pieles? mondas? ... mondas de mandarina.

No se me ocurre mucho más que contar, ya que sólo estoy escribiendo por desafiar al duende del trabajo y al duende de la limpieza, así que voy a tener que hacerme otro café para inspirarme. Podría, en lugar de eso, trabajar y limpiar.
Naaah.

Ya me he hecho otro café y me he tomado un Espidifen, porque me duele el codo. Creo que es de levantar pintas y llevármelas a la boca. Y no, de momento no voy a ir al médico, así que tsch!
Lo que pasa es que ahora no puedo tomarme el café porque tengo el sabor del Espidifen en la tráquea.

Yo sé que estas narraciones son fascinantes, pero es que es Martes. Nunca hago nada emocionante los Martes, puesto que el Lunes es mi día favorito y es muy difícil alcanzar el grado de mitiquez de los Lunes. Sabéis que es mi día favorito porque es el día que desayuno viendo el nuevo episodio de Newsroom, y luego como viendo el mismo episodio de Newsroom otra vez. Y además ayer desayuné tostadas con Mermelada de Lama® y comí Salmorejo de Eva®, que me llenan de felicidad y sosiego por su alto contenido nutricional y buenos efectos para mi salud de personaje infame que cena Rice Krispies. Rice Krispies con leche orgánica, eso sí.

Me rindo, amigos. Voy a hacer mis deberes.
Soy una profesional, ante todo.
Pfjuajua.

Thursday, July 18, 2013

El Show de Truman

 10 AM. Segundo café, cuarta fika, 17 integer solutions found.

11 AM. Housekeeping break, tiendo la ropa escuchando Black Sabbath. Os dije que sería emocionante.

12 AM. O es PM? Lunch break en el parque con fotopies incluida.

1 PM. Justo a tiempo. Llega el cartero, que por cierto está tó chickenlager, y me trae mis regalos que me envía mi querida madre desde la patria.

2 PM. Geoguessr Break con #grillo en mi despacho del ala oeste.

3 PM. Me aburro TANTO. Pero ya funciona el 01 RU PS de GB1E a PT1A.

4 PM. Hora del té y de la fika. Ya sólo queda otra hora de trabajo y esto quizá empiece a tener algún tipo de interés sociológico. O no.

5 PM. Hora de largarse de aquí con elegancia.

6 PM. En el autobús 277 destino Canary Wharf.

7 PM. Ópera en el parque. Nadie va elegante, sólo nosotras. Nosotras molamos. Tosca.

8 PM. La primera botella de Gallo se ha terminado. Hay más.

9 PM. Ya estamos cantando en italiano y a pleno pulmón "O mío bambino caro".

10 PM. Nos cansamos del arte y la cultura y nos vamos al pub, mirando al gran río.

11 PM. Justo acabo de bajarme del autobús y es que ha sido la hora punta que me ha obligado a marcarme un Dixy.

12 AM (?)
Esto lo he hecho completamente a propósito porque culmina "un día cualquiera en la vida de Pec". Lo cual no significa que no vaya a verla enterita o casi. Sé que lo estabais esperando.


Tuesday, July 9, 2013

Verano



Es verano, amigos.

Hace calor. La gente va en bolas y, desafortunadamente, en chanclas, por las calles, los parques, las avenidas.

Hacía bastante tiempo que no veía hormigas en Inglaterra. Ayer conocí a tres. Me caen la mar de bien, tó laboriosas ellas.

Estoy de camino a Weybridge tras unos cuantos días sin ir. El taquillero de Waterloo ha cuestionado mi autoridad en lo que a travelcards se refiere, y le he sacado mi Masters Degree en Commuting por la Universidad de la Dura Vida. Qué se habrá creído.

Ayer no fui a la oficina porque estuve pensando seriamente en una excusa para no ir que no fuera mentira. No se me ocurría nada, y perdía el tiempo, y perdía el tiempo, hasta que la única excusa real que surgió era que verdaderamente si iba a esas alturas ya llegaría demasiado tarde, y no tengo tanto tiempo que perder.

El karma, sin embargo, estuvo ahí dándolo todo, pues se me encargó actualizar una herramienta de mi propia creación, un trabajo de 18 semanas a efectuar en una mañana. Esas cosas se hacen mejor cuando se va a la oficina. Karma. Con lo bien que yo me porto.

La crisis pasó a eso de las 4 y se me puso por delante una tarde llena de posibilidades y alegría. Convencí a Viveka para que me acompañase a la taberna a colmar mi sed. La verdad es que probablemente ya he visitado los 80 pubs si contasen los que he visitado sin Bobby o Julia.

Después de eso me fui al cine. Los Lunes en Jacni el cine cuesta £6. Y si eres miembro del Picturehouse, £4. Puede haber algo más alentador en la vida que ir al cine por 4 pavos? No lo creo.
Compré una lata de Couk en el Food & Wine, y pálomites pequeñas en el cine por sólo £3.50.
Vi “Now You See Me”, y me lo pasé como un grillo.
Desgraciadamente, ir al cine por 4 pavos en verano tiene un precio, un duro sacrificio que hay que otorgar a los dioses del día del espectador: la absoluta congelación en lo que es un frigorífico gigante cariñosamente apodado Hackney Picturehouse. Lo más probable es que de esta noche no pase y pille una fiebre tropical con delirios incluidos.

La semana que viene me iré a ver Monsters University con la mantita. Juro que me la llevo. Y me mirarán con tanta envidia los demás espectadores que me imagino que harán un hashtag en mi honor. #crazyblanketlady #sheknows #jealous

A pesar de todo, fue un gran lunes, siguiendo a un gran domingo, que siguió a un gran sábado, que siguió a un gran viernes, que siguió a... Oye, qué bien lo pasamos.

Todos saben que el primer concierto al que acudí en mi vida de fan fue Bon Jovi en el Palacio de los Deportes en Mayo de 1993. Y es por eso que decidí acudir a Bon Jovi Hyde Park 2013. Porque pasaron 20 años, y me considero prácticamente igual que entonces. Me hubiera gustado que a este también me llevase mi padre, con su bocata y sus tapones para los oídos, como antaño. En su lugar fui con otra gente; buena gente, pues al encontrarnos allí, vi que ellos también habían pedido dos cervezas por persona. My kind of people.
Por supuesto les perdí en cuanto tuve que irme al baño a mitad del concierto, y nunca los volví a encontrar. Por esto me acogieron varios grupos de gente variopinta, empezando todos la conversación con “you look like you’ve lost your mates!”. La historia de mi vida.
Lo mejor del concierto, aparte de los cambios de camiseta de Jon, claro, fue la afluencia de público infantil. Niños y niñas de 10 años, como lo fui yo, cantándose las canciones. Y es que he decidido que Bon Jovi es un paso esencial de música fácil que te hace entrar, joven e inocente, en el mundo del rock n roll. Luego reniegas durante años, pero lo recordarás con cariño en tu madurez musical.

A la salida no conseguí volver a encontrar a nadie, así que opté por irme a mi casa en lugar de al pub con el grupo de hooligans de Newcastle que me acogió en la recta final.

En el búho infinito soñaba con pizza, y el Dr Oetker no pudo complacerme, pues todo su stock en Hackney es de pizza de Pollo. Los Hackneys y el pollo, colega. Como he prometido que no voy a ir a Dixy sola, pues tengo que buscar otras alternativas. La alternativa a la alternativa fue sandwich de queso a go-go.

El sábado estuvimos de BBQ en Twins House. Qué gran jardín, qué buenas tortillas, qué buenas hamburguesas de Quorn, qué buenas 18 cervezas por £10.
Decir que no sabemos hacer barbacoas y que aunque parezca una escena idílica, todo ese humo de la foto era una neblina con gorilas incluídos que casi nos asifixia.
Estando allí disfrutando del aire libre y las fikas, Bobby mencionó que el Good Mixer no había sido visitado aún en nuestro Pub Quest. Esto encendió el piloto de alarma en mi cabeza y decidí que había que ir ipsofacto. Ese Good Mixer se convirtió en los 4 pubs de Camden. Esos 4 pubs de Camden acabaron en el Feeling Gloomy de Cavendish Square. Tuvimos que rogar al portero que nos dejase entrar, pues estaba cerrado. Lo logramos, y gratis. No pudimos tomar nada, pero pude bailar Fleetwood Mac como siempre había soñado. No todo en la vida son los clásicos del Brit Pop.
Conocí gente rica que venía del concierto de los Stones. Les dije que eran gente rica, de manera amable. Lo pasamos bien.

Y una serie de desdichas en los búhos hizo que llegase a mi casa por la mañana con gafas de sol. Pero ES VERANO, amigos.

Y por último, el domingo. El domingo de dormir 4 horas y decir “whaaaat?”. Mi habitación sin persianas, aka El Horno de Asar, me mantenía agazapada en el sofá preguntándome por qué no tengo piscina, o como mínimo persianas. Esto se solucionó fácilmente con caminar 10 minutos hasta London Fields y sentarme bajo un árbol. Qué gran plan de domingo. Mi revista Empire®, mi Couk®, mis fikas® y yo.

Que sepáis que una de las pelis favoritas de Richard Dreyfuss es Algunos Hombres Buenos, y afirma que la ve todo el rato.

Richard Dreyfuss es mi mejor amigo.

Adiós.


PS. Hoy voy a ver a los Veils. True love here I come!

Friday, July 5, 2013

Hackers morgen



Ext. Morning. - Azotea de Hackney.

He empezado esta preciosa mañana veraniega yendo a una tienda non-for profit charity for Hackney youth a por un café orgánico con leche de soja, zumo de naranja natural no procedente de concentrado y un croissant de harina fair trade.
Mi aspecto es el de personajillo despeinado con pantalones de Rihanna que en realidad va en pijama.
Me he acomodado en la terraza, al sol, en tirantes, con mi portátil y mi desayuno, dispuesta a interpretar la escena del montage de la peli en la que la protagonista tiene inspiración y escribe en distintos lugares de la casa, rápidamente y sonriendo con confianza.
Pues bien - no se puede. El sol te da en la cara o en la pantalla. Entonces mueves el portátil a la sombra y tú tienes frío y ves cómo en la pantalla sólo hay polvo. Además sólo llevo aquí 7 minutos y ya me han atacado una araña y una avispa. Afortunadamente no a la vez.
Pero amigos, resistiré. Resistiré porque me niego a aceptar que lo que pasa en las pelis no es real. La escena idílica no es más que una pose extrema, pero ya sabéis que yo soy de poses.

En mi paseo hacia la cafetería me he topado con un haitiano con una camiseta de Ricky Martin. El otro día nos topamos con un anciano con una camiseta de Brandon Walsh. Y eso da que pensar. Esto es Hackney. ¿Son muy hipsters, o sólo están locos?

Cheech la gata me mira con rencor desde dentro de la casa. Se ha aventurado a la terraza de al lado y la he tenido que encerrar.

Es que estoy en casa ajena cuidando de Cheech. Cheech me mira, y duerme conmigo un rato, y luego se aburre y se va. Yo mientras aprovecho la TV licence ajena y veo mierdas. Mierdas puras. Esta mañana, un anuncio sobre una máquina de hacer pedicuras en casa que me ha dejado fascinada, y un capítulo de 90210 nueva generación que me ha hecho meterme en Wikipedia para investigar el futuro de Naomi y Max Miller. Y es por eso que no debo tener una TV licence jamás.

Voy a ponerme a trabajar, probablemente dentro de la casa, porque esta situación es bastante absurda ya que, aun en la sombra y con jersey, no veo nada.

Wednesday, July 3, 2013

Cronología arbitraria



Noto como de mi oreja izquierda salen unas fórmulas de Excel y 684 líneas de International Transportation Policies.

Sí, amigos, tengo tanto trabajo que hacer. Es el segundo día consecutivo que llego a la oficina a mi hora, y no soy capaz de procesar esas tareas a una hora tan temprana. Así que escribo un poco, pues hace unos días que no me quejo de cosas.

Hoy no me siento quejica, salvo quizá de nuevo por mi pelo. Esta mañana ha decidido que para qué ser Diana Ross, para qué ser Farrah Fawcett, cuando puede basar su apariencia en la de esa señora que va a la peluquería una vez por semana y el quinto día aún tiene fé en que su peinado “aguanta”. La Bruja Avería a mi lado es la protagonista del anuncio de Pantene.

Quiero ir a la salita del café a por algo, pero oigo a la gente preguntándose “how are you” mutuamente, y no quiero formar parte de ello. Por suerte no es lunes. Los lunes te preguntan “how was your weekend”, y yo no sé qué contestar. Suelo optar por “it was good”. Podría también relatar la verdad y contarles que me comí 3 tortillas de patatas de Aurora®, me bebí 10 cervezas, visité 6 pubs, comí 2 de Dixy y fui a la compra al Tesco®. Podría también relatar que me fui a pescar salmonetes al Lake District. Eso es mentira, pero dado lo que les importa, es una opción válida como cualquier otra.

Ayer decidí irme al cine sola. Cuando salió el anuncio de “A shared experience... gone”, del cine en ruinas gracias a la piratería, empecé a pensar que por £9.68 con descuento por la entrada, y las pálomites y couk que me costaron £7.25, no es gracias a la piratería.

Os digo que mereció la pena a todas luces, sin embargo. Fui a ver This is the End. Es como si a Riki, a Car y a mí, nos dieran un montón de dinero por convertir en largometraje nuestro corto de 1992 “El Silencio de los Borregos”, y todos nuestros amigos, incluyendo a Rihanna, estuvieran dispuestos a salir en él haciendo el gilipollas y reír durante días y días. Imagináos. Si yo ya amo la vida sin dinero y ostentación, cómo lo pasaríamos con un productor ejecutivo que nos dejase aprovechar nuestras indulgencias!

Estuve en el cine de Wimbledon. Es el mejor cine, a pesar de estar lejos del hogar. Está cerca de la oficina y siempre es bueno salir de Weybridge y poder llegar a un punto de civilización en 20 minutos. Lo haré algo semanal, siempre y cuando esté en la oficina. Lo cierto es que hacía tanto tiempo que no estaba en la oficina que la gente se empieza a preguntar si todavía trabajo aquí.

Cuando llegué a casa, me fui a dormir a las 10:30. Hacía tanto tiempo que no dormía que ha sido una sensación extraña. Cuando he entrado por la puerta de la oficina esta mañana, sólo anhelaba seguir durmiendo, y por un momento en mi cabeza ha surgido la idea de que venía a eso. Que entrando por la puerta, el propósito de mi visita a Weybridge era encontrar la salita de primeros auxilios y dormir.

Y es que son unos días llenos de actividad y madrugones. No quiero decir madrugones, quiero decir simplemente levantarse pronto, pero no encuentro el sustantivo adecuado. El caso es que los únicos días que no me he levantado antes de las 7 ha sido porque no me he acostado antes de las 6. La vida de Madrid, sus excesos y sus jarras de cerveza a €1.

Podría hablar del monstruo del estanco, de los chóppitos, de robar en el 100 montaditos, de bares cerrados y flores de concurso, de aeropuertos en Cuenca, de comprar siempre toda la pizza, de los taxistas que te preguntan si pueden formar parte de tu grupo de amigos, del grillo medieval, que te ayuda a llevar el mulo; del sexo con mujeres de una sola pierna, de la hija maldita de Mumford... En definitiva, del “Loco Tren de Diversión®” que vamos acarreando.
Pero no voy a hacerlo.
Es necesario olvidar lo específico de estas vivencias y quedarse sólo con el recuerdo de las risas; para así poder tropezar con la misma piedra una y otra vez, y repetir aciertos, errores, resacas y raciones de patatas fritas.


El otro día compré lentejas, puerros, cebollas, zanahorias y patatas. Cuando me pongo a hacer lentejas me meto en el papel de persona adulta con una vida equilibrada. Cuando compro los ingredientes y pasan los días y el puerro empieza a sekarse, me doy cuenta de que no voy a pasar el casting.

Thursday, June 6, 2013

Quejas.


Puedo escuchar Danza Invisible sin miedo a ser juzgada por mi compañera de piso porque ella, siendo de otro país lejano, no es consciente de lo lamentable que es eso.
Así, canto Sabor de Amor mientras recojo la colada.
"Besarte es como comer palomitas de maíz".
Really? Really, Danza Invisible? ¿Palomitas? ¿Y los paluegos?


Dicho esto, voy a proceder a quejarme de cosas, como es habitual.


Vosotros, ¿cómo os laváis los dientes? ¿Como las personas? ¿O como un orangután con Parkinson que provoca un efecto aspersor de pasta de dientes por todo el lavabo y el espejo del baño?
En el caso de ser la segunda opción, hey, ¿qué hay de limpiar la pasta de dientes con la que has rociado todo tu alrededor?

¿No?
Bueno.

Ayer fui a un concierto de Pete Doherty sin El Grillo. No fue mejor que el que vimos en Kingston el verano pasado con El Grillo, pero tocó dos canciones de los Stone Roses y eso estuvo muy bien.
Yo lo vi subida a un taburete. En seguida trendeé y la gente se subió a más taburetes. Lo malo es que mi taburete estaba demasiado cerca del techo y fui un poco Madre del Rey la mayor parte del tiempo. También tuve que mandar callar a dos pedorras y gritar a la gente que guardase sus mierda móviles que grababan el concierto e impedían mi visibilidad, pero en general, muy bien.

Acabé bebiéndome cuatro pintas sin haberme perk-atado. Luego fuimos a por patatas a un kebato de la zona. Hicieron su labor, aplacar el hambre del perko, que al mediodía había resistido la tentación de Dixy y se había dado al gazpacho.

Hecho esto, cogí el autobús. Ese autobús es mi usual 253, en el que tengo que ver que toda la gente, que vive mucho más lejos de Camden que yo, se baja mucho antes, porque hace una ruta de U invertida NADA óptima para mí. Esto conlleva que las cervezas pasen factura y yo me quede dormida. Mi parada es la última. Los autobuseros no tienen ninguna consideración, no se fijan en mi presencia, y continúan hacia las cocheras de Aldgate East conmigo dentro. Cuando me doy cuenta, he de bajarme y caminar de vuelta a mi casa. Y lo peor de todo es que el camino ni siquiera me lleva a pasar por la puerta de Dixy, lo que hace que no tenga ninguna excusa válida para ir. Pero voy igual. Sí, amigos, voy igual.

Ayer fui. Volvía a casa con mis Dixy cuando DOS zorrititos, DOS, estaban escarbando en mi basura. Vaya ejemplares más bellos. Uno de ellos se asustó y salió corriendo hacia la carretera, donde casi le atropella un hipster en bici que se paró a hablar con él mientras yo hablaba con el otro. Le di una Dixy. Le gustó.


Hoy sigue haciendo un sol radiante. Esto implica que esté pensando en salir de las escuelas lo antes posible. Y aquí es cuando me quejo, porque me tengo que duchar y lavar mi pelambrera.
Aún no tengo la suficiente autoconfianza para aprovechar mi trendsetting y RAPARME y comenzar así una nueva era humana.
Si vamos a acabar llevando Google Glasses o algo similarmente terrorífico, ¿por qué no somos seres calvos? Todos los alienígenas de las pelis que se supone que son razas superiores van rapados. Y podríamos perfectamente llevar pelucas. ¿Por qué no queremos llevar pelucas? ¿Por qué insistimos en tener nuestro propio pelo? Los egipcios no lo tenían, y mírales qué avanzados.

Voy a trabajar. Adiós.


n. del A. Las patatas de la foto son de Lama, que son mucho mejores que Dixy o que cualquier otra cosa del planeta.

Monday, June 3, 2013

Thunder my Chevy


Ha llegado el buen tiempo a Europa, y con ello llegaron mis vacaciones, el Global Corporate Challenge® y el nuevo reto que decidimos ayer: Around London in 80 Pubs. De aquí a Septiembre, 80 pubs en todos los boroughs de las zonas 1 y 2. Que vamos a morir? Sí. Que merece la pena? Desde luego.

Chevy Thunder, Chevy, Chevy Thunder.

El buen tiempo en Londres no es moco de pavo. Tiene algunos inconvenientes, como el constante olor a barbacoa que emanan todas las casas con jardín, que te hace querer comerte siete bueyes y sacrificar otros siete a los Dioses.
También está el furor que se desata en los ingleses, que deciden dejar toda su ropa y su pudor en sus casas y salen a ofenderte con sus chanclas. Abuelas con camisetas ceñidas y sin sujetador. HELP.
Relax, Inglaterra, que sólo hace 17 grados, no es necesario despelotarse e irse al canal con nada de ropa salvo un penacho. True story.

Chevy Thunder, Chevy, Chevy Thunder.

La semana pasada estuve de vacaciones en los pueblos de España. El destino elegido fue Barcelona, con la excusa del Primavera Sound.
Barcelona es un buen lugar. Hace calor, y hay que añadir 20 minutos extra a cualquier viaje a pie porque Google no tiene en cuenta que hay que esquivar hordas de japoneses que hacen fotos en el Passeig de Gracia, pero es barato y en el metro ponen la música de los Goonies para anunciar la siguiente parada.
Estuve en el mar con los chicos. Wally lo vio por primera vez, pero no le dejé bañarse porque es un pescado de río.
Fui por las calles mirando caras de gente en busca de músicos, minor celebrities y Fred MacPhersons. No conseguí ver a nadie, pero al final del día llegaba a casa y veía a Blanca, un ejemplar magnífico de perro blandito que me ama y se parece al buen Puncho.

Chevy Thunder, Chevy, Chevy Thunder.

En el Festival hacía frío, pero como yo me había quemado como una langosta iraquí, mi piel hacía un efecto invernadero que me protegía del viento del Mediterráneo. La compañía fue excelente y los conciertos sorprendentemente agradables. No me enfadé con nadie ni traté de quemarle el pelo a ningún otro asistente, y Blur sólo tocaron un par de canciones que no me gustan, siendo compensado con Under The Westway, que me recuerda a mi hogar Hakniano y me hace feliz.
También me hace feliz caminar la Diagonal entera en busca de un taxi a las 3 de la mañana. Sé que a nadie más le gusta eso, pero yo soy un churk de costumbres extrañas.

Chevy Thunder!

El final de los días de asueto fue pasado en Sitges con las hermanas, bellas personas que me llevan a bellas casas y a comer pizza y beber cerveza. Poco más se puede pedir. Bueno, sí, más días de asueto. Pero me di cuenta de que siempre es mejor evitar pasar mucho tiempo en la playa, no vayas a acostumbrarte a una vida de relax y calidad, sin extreme commuting o accidentes en los trenes.

He llegado a mi lugar de trabajo así que debo dejar de escribir.
Diré que ayer conocí a Fred, una perra que habita en el Southampton Arms, el primer pub de nuestro challenge, con la que jugué a la pelota y recibí a cambio demasiada efusividad y un mordisco en el dedo meñique. Menudo ser bello y jovial.

Sabía que tarde o temprano conocería a Fred. Vale que yo esperaba que fuese MacPherson, porque al fin y al cabo me persigue donde quiera que voy. Que si el Alibi, que si Dalston, que si el Primavera Sound... Pero Fred la perra supongo que es mucho mejor. Aunque MacPherson no me mordería.

Chevy Thunder, Chevy, Chevy Thunder.

Por último, aunque esto ya lo he proclamado con ahínco donde quiera que se me haya escuchado, decir que Star Trek Into Darkness es la mejor película que he visto en mucho tiempo, que prueba que en efecto Benedict Cumberbatch es de un planeta exterior habitado por una raza de superhombres, y los jerseycitos de colores entallados de Starfleet son un completo WIN.
Correr en círculos fue la única reacción posible ante tan increíble creación cinematográfica.


Voy a trabajar. Baaaaaaaaaaaaaaaaaaah.

Tuesday, March 26, 2013

Desde Siberia con amor.





Me he levantado con una sensación de realización extrema y con la necesidad inmediata de enviar a todos mis amigos las fotos que hice anoche.


En seguida me he dado cuenta de que no me había encontrado a Bruce Springsteen y a Little Steven paseando por el Barrio de las Letras y tampoco habían subido a casa a echarse unas fikas. Era todo un sueño y además estoy en Londres.
Pero qué bien lo pasamos.
Oh, bueno.

Ahora estoy en el tren de las 8:42 a Basingstoke preguntándome por qué merezco en la vida que se me siente enfrente un tipo que desayuna croissant de cebolla.
Me voy a cambiar de asiento.
Ya.

También me pregunto por qué es 26 de marzo y alterno orejeras con gorro de ruso, llevo guantes de animal y tengo que usarlos para tocar el picaporte de la puerta de mi habitación a las 6:13 cada mañana. Creo que la marmota Phil vio su sombra y la de su prima.

Estos días trabajo mucho, en lugar de vivir en mi clásica procrastinación y en mi ya conocido morro que llevo practicando tantos años. Incluso fui a Madrid por trabajo y trabajé. Siento que alguien me ha timado.
Aún así lo pasamos bien en Madrid, con nuestros dos o tres amigos, y en el pueblo, con nuestros tres o cuatro animales y progenitores.

Volé de nuevo desde la T4S alias Cuenca, para ir hacia mi querido City Airport.
En el avión, una voz de mujer nos daba la bienvenida a mí y a un grupo de adolescentes en viaje de estudios.
Veamos. Avión pequeño, con un instituto entero a bordo, pilotado por una fémina, en un día extremadamente nublado. Yo soy de clichés, y eso grita DRAMA BASADO EN HECHOS REALES.

Todo fue bien, y conseguí resolver mi modelo de optimización con una Heineken y unos Lacasitos que cuentan como gasto de almuerzo.

Al llegar, pensé que había cogido el avión equivocado a San Petersburgo, pero no, era aquí donde hacía -4 grados.
Mis amigos queridos son todos bastante gueis y no querían salir. Así que tras gastar suficiente eyeliner para maquillar a todos los suricatos de La Vida de Pi, me lo tuve que quitar, ponerme el pijama y ver Girls. La verdad es que, planazo.
No me trago que Hannah se tire a todos esos, especialmente a los que están buenos, pero por lo demás es una gran serie. ADAM.

Al día siguiente, mi flamante Oyster Travelcard de £35 y yo no pisamos la calle. Vinieron los amigos y me dieron cervezas, patatas y zebro.
El zebro y las patatas de Dixy no son compatibles, la bulimia no es la solución. Así que tenía que elegir entre dejar la droga o las patatas y he elegido quedarme con las patatas.
Una decisión muy fácil.

Domingo de frío extremo, qué mejor idea que pasear por el río. Pero es que tenía que llevar a Wally, mi nuevo pez, a ver su verdadero origen. Le hizo extrema ilusión, especialmente porque siendo un muñeco de dedo como todos los demás, su primera foto fue con monumentos, y eso les gusta mucho.

Después de una copiosa comida en Gourmet Burger Kitchen y un bonito paseo hasta Bermondsey, nos encaminamos a South Woodford a comer tortilla de patatas genuina de Ponferrada. A pesar de la deconstrucción y de tener que estar en la cocina con abrigo, fue una experiencia maravillosa.

Me despido desde Walton-On-Thames. Realmente sólo quería decir lo de Bruce Springsteen.

Friday, March 8, 2013

Aren't you lucky?



No tengo más ganas de trabajar hoy.

Ya, ya sé que nadie trabaja los viernes por la tarde, pero yo sí. Un poco. Salvo el tiempo que he empleado en pintarme las uñas en el baño, las 7 fikas que me he echado y los 20 minutos que he estado escondida en la sala de reuniones escuchando música y viendo el trailer de RESACÓN III.

Estos días he venido a la oficina. Un par de días a la semana no es moco de pavo. No es fácil elegir la ruta sin Travelcard. Ayer sólo gasté £2.80 en el trayecto, y aunque estuve atascada en Kew durante 25 minutos detrás de una furgoneta naranja, luego obtuve 3 pintas gratis. La optimización es lo mío, chavales.

He decidido no beber más couk en casa, y ahorrar esos £3.85 e invertirlos en posesiones materiales. Estoy en una racha de querer posesiones materiales que no os lo creéis. Es una pena que ninguna de ellas exista, como una simple regadera o una alfombrilla para el ratón. Apuntadlo: quiero una regadera. Una roja, o color crema, de metal, vieja. No existen en el mundo.

El caso es que sin beber couk en casa y sin querer entrar en la dinámica de beber alcohol sola, estoy experimentando situaciones como la del miércoles por la tarde. Decidí que tres cafés habían sido suficientes, entonces me hice un té clipper organic. Me tomé el té trabajando, y vi Hitchcock. Me gustó.
Después de ese estúpido té, decidí tomarme otro. Esta vez un té verde. La verdad es que la única razón por la cual me hago tés es para que parezca que a veces hago una vida de personaje de rom-com, que se sienta en su sofá con su manta, toma té y lee su libro. Para esta pretenciosa situación cinematográfica escogí poner el disco nuevo de Nick Cave. Pensaba continuar leyendo Prozac Nation, pero me pareció ya que el universo iba a implosionar si habita en él alguien que va TAN de guay, así que cogí mi revista Empire.
Revista Empire, cigarrillo, té verde, Nick Cave. En la cuarta canción, quité el puto disco de Nick Cave, porque una cosa es querer hacer una escena de tarde lluviosa y tranquila, y otra querer morir.
Cambié a mi lista de reproducción "Temazos para vaguear en el sofá leyendo y haciendo el atrezao". Y luego solté la Empire y cogí mi té con las dos manos, con mi jersey grande con las mangas por encima de las manos (CLARO) y miré al vacío.
En ese momento mi compañera de piso me vio por la rendija de la puerta y procedió a preguntarme si estaba bien.
No es habitual que alguien como yo se dedique a hacer el atrezao de una manera tan creíble, así que supongo que la siguiente escena de la peli habría sido en la cual le explico qué pasa en mi vida. Pero no, simplemente le dije "Sí, me he quedado aquí. Así. Me he quedado".
Ah, añadir que la gata estaba en mi cama, mirando con ojos de gato que se aburre.

Todo eso realmente ocurrió porque estaba esperando a que se bajase Life of Pi en BluRay. No entendí muy bien qué le pasa con Dios, pero no está mal la película.

Bueno, ya está. Me voy a casa a dejar mi mochila, vestirme de Joan Cusack en Armas de Mujer y echarme a las calles Friday On My Mind.

Wednesday, March 6, 2013

El Hak en Hakers


El sol ha brillado estos días y he sentido que estaba en un motel de carretera de California, sin poder salir, fugitiva de la justicia y escondiéndome de Louie. Louie podría ser mi antiguo chulo o camello. No lo he decidido.

Llevo cinco días sin abandonar la casa, con Cheech la gata. Creo que otro día más y empezarán a salir gatos de debajo de la cama. Por suerte no puedo comer gracias a mi sinusitis, y no me crecerán tarros de litro de Ben & Jerry's Chocolate Chocolate Chip para completar el cliché de CAT LADY.

Novedades? Estoy haciendo un Master en Transport for London. Creo que cuando haya pasado un año en Hackney podré presentarme a un empleo en TfL y sabré detallar las mejores rutas y horarios para ir desde cualquier punto de la ciudad a otro, con una especialidad en Aeropuertos y Terminales.
Gracias a mi extensa investigación, logré caerme en el gap del Overground. Tuve suerte y fue una caída técnicamente muy bien efectuada, con el mínimo riesgo para la vida y las extremidades, si bien aterricé sobre un envase que había contenido Fish & Chips sólo para agregar un poco más de humillación a la situación en general.
Decir que gracias a esto evito el Overground en hora punta cual perro de Pavlov, pero he conseguido llegar al trabajo via otra ruta en 70 minutos, 40 de los cuales paso echando una fika y luego tomando un café en el tren mientras leo un libro a la semana. Es un commute muy placentero, y soy una persona completa y activa.
Aunque hace tantos días que no voy al trabajo que a lo mejor se me olvida.

Más novedades... Traje a Mickey, mi minicadena, en el último viaje que hice a Madrid la semana pasada. Ahora puedo hacer una fiesta rock n roll. Sólo me falta tener más de tres amigos y I'm all set.

En Madrid... Bien. Es muy difícil conseguir salir, ya que la gente (sí, VOSOTROS) no quiere salir un Lunes. Ya ves tú, qué tendrá de malo salir un lunes? Las hermanas no nos rendimos y salimos un lunes. Decidimos que ya estaba bien de salir por el barrio, que íbamos a probar otros lugares. Optamos por Lavapiés. Yo en general desprecio Lavapiés, pero tras la buena experiencia del nuevo bar "El Gato Verde" pensé que encontraríamos algo que estuviese bien y no fuese hindú. Nos perdimos por Lavapiés y no encontramos nada satisfactorio, así que optamos por seguir andando y probar La Latina. En La Latina sólo había bares de viejos. Pero no bares de viejos de esos que les gustan a los hipsters y por lo tanto sólo hay hipsters y no viejos, no. Había grupos de octogenarios cenando. Esto nos dio bastante miedo y seguimos caminando, a probar a salir por Ópera. En Ópera directamente no había nada, era la ciudad fantasma con el ocasional grupo de hobos. Tras una hora o así obviamente nos fuimos a Malasaña, el único reducto que aún resiste estilo Aldea Gala, y conseguimos tomar unas cervezas, unos cócteles, y una salchicha vegana que sabía tanto a salchicha real que me la comí con sospecha y culpa. Finalmente fue una buena noche gracias a una buena compañía y al hecho de que probar cosas nuevas es una puta mierda y hay que preservar siempre las tradiciones.

La verdad es que fue un viaje un tanto Fracásibol®. También conseguimos perder un autobús en Segovia y tener que dar vueltas en coche durante una hora para luego acabar en el bus de los domingueros con la típica persona al lado que decide que es el momento de buscar cosas en YouTube y enseñárselas a su novio SIN auriculares. No diría que sólo por esto mereciese estar en el séptimo círculo del infierno, pero ganó el honor gracias a tener SONIDO en las TECLAS del móvil. Sonido en las teclas?! Qué es esto, 1999?! El actor?!

Los aviones bien, gracias a tener Speedy Boarding. O como diría mi autocorrect, "Apestoso Bigardona". Sí, mi autocorrect es un graciosillo de cuidao. Entre eso y los prepucios, me mata.

Bueno, adiós, que tengo que trabajar.

Tuesday, January 15, 2013

Cosas nuevas

El año 2013 ha empezado lleno de nuevas experiencias y curiosidades. Si bien la raíz de todas las experiencias y curiosidades se forjó en 1985, he descubierto algunas cosas en estos pocos días de Enero.


Cuando me levanto por la mañana soy Farrah Fawcett.
Ese pelo ochentero de ángel de Charlie es inequívocamente genuino. No se puede hacer a propósito, y es claramente la manera en la que canalizo el espíritu de esa mujer. No se por qué me ha elegido a mí, pero nadie puede ayudarme.
Descubrimiento #1: Soy medium.

Mis compañeros de piso me copian la comida.
El sábado, tras una mañana de resaca en estado Mar Adentro Sampedro, conseguí reunir las fuerzas necesarias para ir al supermercado a hacer una compra de comida humana, habiendo sobrevivido los dos días anteriores con un total de un plátano, dos raciones de patatas fritas y un sandwich de queso.
Compré mis clásicos ingredientes de llenar tupperwares para subsistir sin volver a cortar una cebolla en un par de semanas. La elección culinaria de ese día fue hacer unas lentejas, y dejar unos garbanzos en remojo para cocinar al día siguiente.
Cuando volví a casa el domingo por la noche, en la cocina había tupperwares de lentejas, y Cedric entró mientras yo estaba haciendo judías verdes y puso unos garbanzos en remojo.
Ayer no me fijé, pero seguro que hicieron judías verdes. A lo mejor hoy hago una col seca con chocolate. Y ENTONCES QUÉ VAIS A HACER, EH? QUÉ VAIS A HACER?
Descubrimiento #2: Soy una inspiración.

Mi trabajo está excepcionalmente lejos de mi casa. Y del mundo civilizado.
Aunque sólo llevo cinco días de extreme commuting, puedo decir que no he repetido ruta ninguna vez.
El primer día había quedado en Earls Court para ahorrarme el dinero del billete de tren. Esto se truncó debido a problemas de salud infantiles y tuve que ir a Wimbledon. Todos sabemos que se debe a la Maldición de Las Gilipollas de Earls Court.  A la vuelta tuve que volver a Wimbledon para recoger material de limpieza y dejar las llaves de mi ya ex-hogar. Me dio cosa dejar las llaves dentro y no lo hice. Un viaje bastante inútil.
El segundo día recorrí la ruta óptima: Overground a las 7:15, metro a las 7:30, tren a las 7:54, oficina a las 8:30. A la vuelta, un señor decidió que quería morir en Earlsfield y los trenes fueron parados y retrasados para siempre. Una pinta, dos autobuses, pasar por el ex-hogar a dejar las llaves dentro definitivamente y de paso mear, me situó en mi casa cuatro horas más tarde de lo estimado.
El tercer día decidí que el Overground está demasiado cerca de mi casa y no me da tiempo a echar una fika por el camino. Así que fui a Dalston Junction para poder echar una fika. A mitad de recorrido decidí que mejor recorría la ciudad de una manera diferente, y cambié a la Jubilee line en Canada Water, bajé en Waterloo y allí cogí el tren de Basingstoke. A la vuelta me fui en coche.
El cuarto día, ayer, decidí coger la ruta óptima a la ida, si bien en lugar de a las 7:15 fue a las 8:40. A la vuelta, decidí ir a Victoria a tomar una cerveza y luego otra en Dalston Kingsland y caminar desde allí.
El quinto día, hoy, he decidido coger un tren en Hackney Downs, coger la Central en Liverpool Street, cambiar en Bank, coger la Waterloo & City y coger el tren de Basingstoke.
La conclusión final es que para disfrutar del extreme commuting hay que huir de la rutina y probar nuevos itinerarios.
Descubrimiento #3: Toda mi vida es un chiste.