Sunday, October 13, 2013

Mañana otoñal



Sabes que algo no va bien cuando nada más levantarte sientes la necesidad de escuchar Big Time Sensuality de Björk.

Y eso estoy haciendo.

Es domingo, el día de descanso, y me ha despertado un gato malo a las 7:25. Sí, ahora vivo con un gato. Su nombre es Marcus Aurelius Antoninus Augustus II. Yo lo llamo "Gato", "Phil Anselmo" o directamente "Satán". Es la respuesta de Eva a la amenaza de los roedores. Ha funcionado, pues Wilkrev y Waldorf, los ratones, han desaparecido por miedo a La Bestia. La Bestia es suave y pequeña, de una belleza ejemplar; 8 semanas y 800 gramos de maldad concentrada.

Estoy pasando días tranquilos de otoño, como dije que haría, esperando la llegada del Grillo y el plus de visita Luchil.

Entre el Hackney Picturehouse y Netflix, mi vida va viento en popa en lo que a pelis se refiere. Salvo cuando llega el último caballero y me dice que elegí mal. Ese fue el caso de ir a ver Prisoners. El trailer tenía muy buena pinta, con buenos actores, intriga, un lugar remoto y Acción de Gracias. Menuda película del infierno. Infierno absoluto. Otra vez tres horas. No sé quién fue el primer listillo que decidió que las pelis tenían que empezar a durar más de hora y media, pero se equivocó, y todos lo estamos pagando.

Por el lado bueno, he descubierto el tamaño Kids Club de pálomites, que es el perfecto para mis necesidades palomitales, y viene con un zumito de frutas gratis!

También me he hecho upgrade de Spotify Unlimited a Spotify Premium. Sólo porque quiero escuchar música de mierda que me gusta ahora mientras limpio la cocina. Esto de gastar dinero en métodos legales de obtención de cultura debe de ser una señal de madurez.

Más cosas de treintañera profesional y equilibrada que he hecho: comprar un tostador (Spencer II), comprar un exprimidor (Citrus Grissom), fregar las paredes de la cocina, pintar la chimenea (esto lo he hecho bastante mal, gracias) y terminar el proyecto de Manchester a falta de la fase de implementación.

Manchester. Sólo tendré que volver una o dos veces más a ese odioso lugar. Allí estuve el miércoles. Hasta ahora sólo había ido en "verano". Fue el día más largo de mi existencia. Por suerte en plena reunión Vir me enviaba YouTubes de Friends, lo que aligera el paso de las horas insoportables.


Oh, desde que os dejé en el último post, sabed que fui a otro concierto de los Manics. Claro. Seguía enferma, pero como no escupía sangre, pude ir.
Los teloneros, Public Service Broadcasting, eran una auténtica pesadilla synth, y Shepherd's Bush Empire no es mi sala favorita,  ya que no tiene ningún tipo de cuesta y en mi calidad de Hobbit no veo nada. Añadir a eso que había un tipo con un afro de 60 centímetros de diámetro en primera fila. Pero disfruté, si bien me aburrí un poco en Tsunami. Tsunami es un rollo. A ver si lo dejan ya. Yo pensaba que con la historia de Fukushima se cortarían y no la tocarían más.

Tocan en los estudios de Maida Vale el próximo jueves. Me apunté al concurso, por si sonaba la flauta, pero no le pedí a nadie que participase por mí. Gané. Cuando gané, me entró la risa psicótica, y luego hice de Padre de Historias de Navidad "he ganado! he ganado!". Y pensé que quedaría genial una lámpara-pierna en mi salón.
Como hice con Suede, también conté las veces que he visto a los Manics, y salió este número decepcionante:

2.       30/10/1998 – Bikini, Barcelona
3.       03/11/1998 – Caracol, Madrid
4.       18/03/1999 – Círculo de Bellas Artes, Madrid
5.       20/03/1999 – La Riviera, Madrid
6.       18/05/2001 – Festimad, Madrid
7.       03/08/2001 – Benicassim
8.       09/11/2007 – Espacio Movistar, Barcelona
9.       28/05/2009 – Roundhouse, London
10.   15/12/2010 – Brixton Academy, London
11.   17/12/2011 – O2 Arena, London
12.   24/04/2012 – Huxley’s, Berlin
13.   06/11/2012 – James acoustic at Rough Trade East, London
14.   10/09/2013 – 100 Club, London
15.   24/09/2013 – Shepherd’s Bush Empire, London

El treat del 1 es nuestra aparición entre el público en el minuto 4:48.

Compré un ordenador nuevo. Ahora tengo dos. Mi cuarto es el estudio de Nacho Cano. He aprendido a no otorgarles sentimientos a las computadoras, para así poder utilizar indistintamente uno u otro sin que el desechado tenga celos. Por eso se llaman MiniMac 1 y MiniMac 2.

La pantera psicótica está dando saltos por mi cama. Desde aquí os pregunto qué efecto surte la valeriana en gatitos de 2 meses y si es recomendable comprarle una jaula. Normalmente si se porta mal me desentiendo y que lo cuide su dueña, pero este fin de semana estamos solos en la tempestad.
...
Le he tenido que echar de mi habitación para que reflexione sobre todas las cosas malas que ha hecho en los últimos 10 minutos. Incluyen, pero no se limitan a, subir a mi mesa a morder cables, atacar a Arbourne la planta y tratar de beberse mi café.


Mi plan de hoy es irme a la Tate Modern, al Marks & Spencer y al cine a ver The Fifth Estate. Veremos qué consigo, de momento pienso que es el momento de hacerme otro café. Ya me hice mi zumo de naranja natural recién exprimido, y comí el bizcocho que elaboré ayer en mi sábado de reclusión. Ah, añadir a la lista de quehaceres ir a comprar Betadine para los arañazos de La Bestia.

No todo ha sido reclusión, de todos modos. El viernes pasado estuve en el Nuisance. La verdad es que me gusta mucho el Nuisance, pero no me gusta Sleeper, no me gusta Lush, no me gusta Echobelly. No sé qué les pasa con las tías del Britpop a esos tíos, si las letras son espantosas. Exhibit A: http://www.lyricsfreak.com/s/sleeper/what+do+i+do+now_20126324.html .
Bobo y Julia se fueron y yo cometí el error de quedarme. Me quedé bebiendo agua en una botella vacía de San Miguel que fui rellenando en el baño. Cuando salí a echar una fika decidí que lo mejor era marcharme. Fui en la dirección equivocada, como es habitual. El autobús 277 está cerca del Buffalo Bar, pero pasa con muy poca frecuencia. Haciendo el cálculo de tiempo de espera o tiempo de cambiar de autobús y parada, decidí esperar. Esperar también fue un error. Me dormí en el autobús, me bajé en Mile End, me cogí un taxi.
Este viernes también salí, y también me dormí en otro autobús, pero puse el despertador calculando mi hora de llegada a Dalston, y tuve éxito en mi travesía. Decir que esta vez me cogí el autobús porque era temprano, que si no, de ahora en adelante podéis llamarme Miss Black Cab 2013 porque no pienso volver a amanecer en Mile End.

Más cosas que podéis llamarme: Miss Halloumi 2013. Cómo me gusta.

También sigo queriendo ser Mrs Flowers.

Voy a dejar esto, aunque ahora Maldad Gutiérrez se ha dormido en mi regazo y me ha dejado inmovilizada.
   

Thursday, September 19, 2013

#mandarinas #thor #trabajo #perro #colágeno #cabecilla

Me gustaría contratar a alguien para que pelase mandarinas y me fuera dando los gajos poco a poco.

Dicho esto, estoy pasando una semana muy difícil.
Hoy es el cuarto día consecutivo que estoy en Weybridge. No hay calefacción y me veo obligada a llevar abrigo y tener debajo de la mesa un radiador como una vieja en una mesa-camilla. Me rodea el habitual vacío y el desasosiego de la llegada del otoño en las pocas personas que acuden a este lugar maldito.

Todos los días quiero llegar a casa y no hacer nada. Todavía no lo he conseguido ningún día.

El lunes perdí el primer tren, porque la gente es cruel, y tuve que coger el segundo que tarda media vida en llegar a Vauxhall. Allí estuve barajando la posibilidad de no ir a casa, pero decidí que lo mejor era llegar cuanto antes e ir a ver Newsroom. Sweet Smell of Success. Menudo episodio maravilloso. Bravo, Aaron, bravo.
Cuando digo “llegar cuanto antes” sólo significa que tardé 2 horas de puerta a puerta. Esto se debió fundamentalmente a la pérdida del tren, pero también a mi estupidez que todos ya conocemos. En Highbury & Islington, vi que el Overground llegaba en 1 minuto, y vi que no me daba tiempo a cogerlo. Así que salí a echar una fika esperando al siguiente. El siguiente tarda 12 minutos y yo normalmente tardo 6 en echar una fika. Me puse a leer el periódico, una cosa llevó a la otra, y perdí también el siguiente Overground. Así soy yo.

Después de Newsroom me fui al cine en mi compañía de mi propia persona a ver Rush.

Me encantó Rush. Buena historia, buen desarrollo de personajes, buen diálogo, buena fotografía, buen diseño de producción, buena banda sonora. Planazos y adrenalina. Y creedme, es muy difícil concentrarse en todas esas features cuando el protagonista es Chris Hemsworth vestido (o sin vestir) de James Hunt. Hacía tiempo que no me pasaba algo así, esa completa pérdida de la razón por culpa de un chickenlager en una pantalla; desde que Brad Pitt salió en Friends, cuando tuve que darme cabezazos contra el sofá. Y cavilo. ¿Cómo puede este tío salir a la calle sin que la gente le grite en la cara, le intente secuestrar, se abalance sobre él entre llantos de anhelo? Poderoso Dios del Trueno indeed.

Sigo bastante enferma y tengo ataques de tos de Bueller. La gente en el tren se cambia de sitio para no estar cerca de mí. Deben de creer que tengo tuberculosis. No lo descarto. Y ahora huelo a mandarina por no poder contratar a ese asistente del que os hablaba. Soy asquerosa.

El martes me fui al Boots de Waterloo a hacer acopio de medicinas. Compré caramelitos para la tos, Smints, un cepillo de dientes, Kleenex de bolsillo y Kleenex de caja. Me olvidé de comprar las medicinas, porque soy gilipollas.
Llegué a Hakni a encontrarme con la peña y cenar pizza. La pizza fue todo un éxito, a pesar de mi tos. Desafortunadamente probé una Ale, cosa que voy a empezar a negarme a hacer a partir de ahora. Pienso que a nadie le gusta realmente la Ale, y que sólo las piden para que parezca que son unos entendidos de la cerveza y ser más pro-local brewery. LAGER LAGER LAGER shouting LAGER.

Ayer pensaba irme a casa a ver Inglorious Basterds, porque me apetecía mucho. En su lugar decidí que si me iba al Prince Charles con Jim y Ariel a ver Heat, no sólo haría un Check-In en un cine nuevo que me daría la posibilidad de obtener la plaquita de Cinefilia Nivel 2 en Foursquare, sino que también sería una buena acción por mi parte, siendo Heat la película favorita de Jim.

Estuvimos en The Harp, pub que se jacta de poseer una grandísima colección de Ales. Obviamente ya he aprendido la lección y no probé ninguna. Pero es un bonito pub.

En Heat tomamos palomitas pequeñas y unas cervezas. Primero se me acabó la cerveza, luego las palomitas. Jim fue a por más cerveza pero habían cerrado el bar. Yo tuve que salir al baño. Al salir al baño ya me perdí un trozo de peli. Después de eso, me fui quedando dormida a intervalos. La conclusión es que realmente no me enteré de nada, que no supe quién era el personaje que resultaba ser Henry Rollins hasta el final y que me aburrí como un mono en una jaula vacía. Entonces me deprimí por pensar en toda la gente que me la había recomendado pensando que me gustaría. ¿Cómo me va a gustar a mí esa peli? Lo único que me gustó fue la escena de Xander Berkeley, y no dura ni tres minutos. Tres minutos de una peli de CIENTO SETENTA. ¿No veis que yo tengo que irme a mi casa con mi familia? A las 23:30 en Charing Cross Road esperando al autobús. ¿No veis que estoy enferma?


Hoy me voy a una exposición a una galería de arte. Yo no encajo en el universo de las galerías de arte. Al darme cuenta de esto, es a la vez un alivio y una decepción, porque, entonces, ¿en qué universo encajo yo? Que esto es Hackney.

Monday, September 16, 2013

Vacaciones germánicas part III and The End


El sábado me aventuré a salir a la calle después de tantos días recluída y enferma. El resultado fue jugar a catch-up con todo lo que no me había bebido en cuatro días, lo que dio lugar a una de mis actuaciones estelares.
Fuimos en un autobús y yo iba hablando con Sarah. Nos bajamos del autobús y caminamos hacia Dalston Yard, mientras yo seguía hablando con Sarah por la calle. Ryan nos alcanzó desde atrás y me miró con cara de incredulidad, y después volvió hacia atrás. Yo seguí hablando con Sarah hasta que de repente dijo "bueno, yo me voy por aquí". Y yo "pero qué dices, cómo que te vas?". Y sí, se iba. Se iba a su casa. Se iba a su casa porque no era Sarah, era una completa extraña con la que yo había decidido conversar como si nada durante los anteriores 10 minutos. Por eso Ryan me miró con incredulidad, por eso nadie entendía qué estaba haciendo ni quién era esa persona.
Esto demuestra mi atractivo social, demuestra cómo soy capaz de entablar una conversación con cualquier extraño por la calle y que no me digan "oye, puedes no hablarme? no te conozco".
Y así.

Dicho esto, continúo donde me quedé en Berlín...

Lunes, 9 de Septiembre. Mi última noche en Berlín. Llovía, como siempre debido a la tristeza de mi partida. Era un día desapacible (palabra de madre), pero a mí eso no me para.

Cogí el tranvía y el S-Bahn para encontrarme con Lucha en Kreuzberg. En el S-Bahn estuve analizando al personal, preguntándome quiénes eran turistas, quiénes eran residentes, quiénes eran alemanes y quiénes no. Iba pensando en que yo no parezco alemana, entre otras cosas porque soy muy bajita. Inciso: por qué diremos "bajita" y no "baja"? Es "baja" despectivo? Yo soy baja. And proud of it.
Bueno, eso. Iba mirando al personal. Analicé a una chica que tenía enfrente. Muy mal vestida con sus kickers, muy alta. Claramente residente en Berlín. Para mí, tenía bastantes posibilidades de ser alemana. Justo cuando había decidido que lo era, le sonó el teléfono. Yo iba escuchando música y no oía exactamente qué decía, pero sí oí claramente en un perfecto acento de Alcobendas "Rajoy... Relaxing cup of café con leche". Menudo trending, madre del amor hermoso.

Me encontré con Lucha en una panadería turca, y como no tenían leche de soja, cambiamos de garito para ir a desayunar. Fuimos a la Croissanterie, que es como un Dios de los croissants donde ponen Johnny Cash en bucle, acuden perros geniales que te quieren (aunque tengan dueñas punkis gordas) y hay barajas de cartas. Había 5 barajas de cartas, todas incompletas, y además ni siquiera fui capaz de recordar cómo se jugaba al solitario. Me tomé un croissant, un zumo de naranja natural recién exprimido que me hizo llorar de alegría, y un tazón de café con soyamilsch bien alemán, bien gigante.

Estuvimos allí durante varias horas y vino Reynolds y nos reímos un rato siendo claramente personajes de "He's Just Not That Into You".
Después de eso fuimos a un sucio kebato con sillas de colores fosforitos. Allí ellas comieron cosas pero yo opté por solamente tomarme una cerveza.

Nos fuimos a casa en el autobús. En dicho autobús recibí una llamada telefónica de Viveka. Es extraño que yo reciba llamadas telefónicas, sobre todo porque estaba en el extranjero. Esto sólo podía significar una cosa, y una cosa muy buena.
La semana anterior la había pasado pidiendo a todos mis amigos que poseen un móvil inglés que entrasen en el sorteo de entradas para ver a los Manics el martes en el 100 Club. En total debí de pedírselo a 20 personas, y estaba bastante confiada de que iba a ganar, porque, en fin, 20 personas, tenía que ganar por lo menos 6 entradas. Esta era LA LLAMADA. Viveka había ganado. Viveka había ganado y yo iba a poder ver a los Manics. Los gritos en el autobús "EN SERIO TÍA?!" hacían que me mirasen todos los germanos y  turcos, pero no me importaba. Menudo HIGH. Amé al mundo, amé la vida, amé a Viveka por encima de todas las personas y cosas. Finalmente había sido la única que ganó. Gracias a todos desde aquí, os amo.

 Al llegar a casa me fui a por hamburguesa vegana con bacon vegano y queso vegano al Yoyo. Porque yo no puedo estar en Berlín y no ir al Yoyo. Menudas patatas fritas deliciosas que tienen los amigos.
Me comí eso hablando con mis familiares por FaceTime para darle buena envidia al grillo.
Después me eché una siestecilla.
Fuimos al Primitiv a tomar unas jarras frescas. Porque yo no puedo estar en Berlín y no ir al Primitiv.
Con el reto de visitar pubs no estoy acostumbrada a tomarme cuatro rondas en el mismo garito, pero siempre es un placer estar en el Primitiv observando al camarero, aka "Leyendas de Pasión". Convencimos a Javi para que se viniese, ya que era mi última noche, y era menester ir al Monster Ichiban Karaoke. Porque yo no puedo estar en Berlín y no ir al Monster Ichiban Karaoke.

En el karaoke era la noche en la cual no se pueden reservar cabinas, y tienes todo el derecho a meterte en la cabina de cualquiera y cantar con ellos.
Primero nos metimos en una donde ponían los Strokes, y nos los cantamos un poco. Pero eran una gente un poco acelga y nos fuimos a otra cabina donde había dos tipos. Cantamos un par de temas con ellos y luego pusimos Motorcycle Emptiness. Y mientras gritábamos (vale, mientras yo gritaba), los tipos decidieron que se iban. Nos hicimos con la cabina gracias a mis berridos, y ahí estuvimos toda la noche cantando FATAL.
En un momento dado yo salí a la sala principal donde había mucha gente cantando cosas, y alguien había pedido Dear Prudence de Siouxsie y no se presentó a cantarla. Entonces como yo estaba tímidamente cantando en bajito, me pidieron que me la cantase. Ahí, delante de todo el mundo. Mi lanzamiento al estrellato. Por suerte es una canción muy fácil en la que no hay que gritar y pienso que me salió bastante bien. Esto es, que nadie huyó tapándose los oídos o aprovechó para ir al baño o a la barra. De aquí a la fama, amigos.

Las cabinas tienen paredes de cristal y puedes ver, que no oír, las actuaciones estelares de los vecinos. Teníamos al lado a unos tipos, australianos como todos, que parecían estar pasándolo bien y haciendo un buen show. Otro inciso: Queda alguien en Australia? Porque están todos aquí, macho.
Eran las 5 de la mañana y técnicamente en Berlín los bares no cierran hasta que la gente se va, pero los camareros quieren irse a dormir y te quieren matar. El encargado venía "os dejo esta canción y ya" cada poco tiempo, hasta que nos desenchufó el teclado para que no pudiésemos buscar más canciones. Así que nos fuimos corriendo a refugiarnos a la última cabina que quedaba activa, que era la de los vecinos australianos. El frontman era un auténtico pro, y  si se dedica a eso tendrá un brillante futuro. Pero el encargado también quería echarnos de esa cabina y también nos desenchufó el teclado allí tras dos o tres canciones. Pero no nos desenchufó el micrófono, y no sabía que otro de los ocupantes de la cabina era el próximo Eminem. Se marcó un freestyle improvisando que se me cayó la mandíbula, mientras el frontman pro le hacía la caja de ritmos. Increíble.

A veces sí pasa algo bueno después de las 2 AM.

Nos despedimos de Javi con una sola cosa en mente siendo las 6 de la mañana. PIZZA. No encontramos pizza pero encontramos desayuno, algo es algo. Y después nos fuimos a dormir.

El martes yo tenía que marcharme del país en un avión. Por supuesto todo tenía que salir a pedir de boca para que yo pudiese llegar a tiempo al concierto de los Manics.
Nos tomamos un último desayuno en un restaurante alemán del barrio, y pagamos a la chica con todas las monedas que poseíamos.

Es una tragedia despedirse de Lucha y de Berlín, pero es un momento en el que te das cuenta de que por fin vas a poder reencauzar tu vida y dejar de salir, y volver a una rutina calmada y otoñal.

Me fui al tren sin contratiempos, y me encontré con Nariz Pequeña, el tipo al que estuvimos analizando la noche anterior en el Primitiv, mientras él había estado tratando sin éxito de tirar la caña a una pobre incauta con la que estaba.

En el aeropuerto todo salió bien. En tres años no han cambiado la campaña de Die Zietung que me pone histérica porque es un montaje con altos dignatarios como si fueran bebés. Y el bebé Ratzinger me pone los pelos de punta, y ahí sigue, acechando en el pasillo que conduce a mi puerta de embarque.

En el avión ni siquiera me molesté en sacar a pasear a Vonnegut. Me eché a dormir a pierna suelta. Llegué en menos de lo que estoy tardando ahora mismo en ir a trabajar.

En cuanto puse un pie en Inglaterra, a la hora prevista, noté cómo el espíritu del orco maligno se adueñaba de mi pecho y un estado semifebril se hacía conmigo. Elegí ignorarlo por completo, ya que en dos horas tenía que estar en la puerta del 100 Club.

Cogí el tren después de echar dos fikas, llegué a casa a la hora prevista de nuevo. 18:20. Dejé la maleta, cogí mi chapa de Generation Terrorists y mi pañuelo de leopardo para ir de Manic de la vida y volví a salir por la puerta.

Bobby me esperaba en el 100 Club. Bobby tiene más suerte que yo, si cabe, porque no hace los esfuerzos de pedir entradas a todos sus amigos y sin embargo consigue que yo le lleve a ver a los Manics.

Entramos, con mi flamante identidad de Viveka, y me coloqué frente al micrófono de Nicky Wire férreamente.

Menudo concierto. Menuda incredibilidad. Si bien Nicky estaba un poco serio, creo que porque Gales estaba perdiendo a alguno de esos deportes de los que él gusta, fue una experiencia increíble. Una de las mejores de la historia del Churk. Lástima que el grillo no estuviese allí para compartirla.
Me hicieron muchos vídeos porque, como siempre, era la flipada loca que saltaba y cantaba y bangeaba su cabeza. Saldrán a la luz y me humillaré. Pero habrá merecido la pena.

Igual que mereció la pena, después de sudar y gritar, salir bajo la lluvia y tomar una última pinta con Bobo para celebrar la vida, y después caer completamente fulminada por la gripe otoñal.

Lo haría todo una y cien veces más.


Este es el final del relato, el final del verano, el final de unos meses maravillosos. Ahora hace frío y llueve, y tengo mucho trabajo que hacer. Espero que cuando termine mi proyecto y venga el grillo comience un otoño bastante mítico. Tengo varios planes. No os preocupéis, saldrá algo digno de narrar.

Friday, September 13, 2013

Vacaciones germánicas Part II


Pienso que es un verdadero milagro que, dados los delirios de fiebre que acarreo estos días, haya conseguido minimizar mis acciones ridículas a sólo dos. Sólo he salido de la casa una vez, pero aún así.
El miércoles tuve que salir a comprarme alimentos vitamínicos. Compré zumo, leche, limones, miel y una serie de household items necesarios. Yo estaba muy enferma, llovía, me lloraban los ojos y me pesaban mucho los geles Dove® 2x1.
Mi acción ridícula fue pasar por la caja autoservicio del Tesco®, procesar toda mi compra, meterla en tres bolsas y largarme. La señora que cuida las cajas autoservicio llamó mi atención “EXCUSE ME?”. No quiero que me acuséis de caer en un cliché racial, pero esa señora es la típica negra de película que levanta su dedo índice y mueve el cuello de un lado a otro mientras habla...
Sí, amigos, me estaba yendo sin pagar. Así, como si nada. Todo el Tesco me miró incrédulo, pero yo pienso que vieron mi aspecto deplorable y lo debieron de entender.

La segunda acción ridícula fue ayer, cuando estaba haciéndome un café y un zumo de naranja, y puse el zumo de naranja en el calentador de leches de la cafetera y le hice espuma. Qué asco. Qué desastre. Qué delirio.

Dicho esto, diré que estoy bastante mejor de mi salud, si bien la tos de orco se niega a ir a anidar a otras comarcas. Qué de pelis voy a ver este fin de semana, y qué bien.

Continúo la crónica de Berlín, pues.

El sábado nos levantamos a una hora razonable y adulta, y pudimos salir a desayunar antes de las 12. Fuimos al Macondo en Boxi. Yo pedí zumo de naranja y no tenían, así que pedí una Fanta. Pero la chica fue tan amable de irse a comprar zumo de naranja para mí y traérmelo con hielo. A veces la gente es amable. Quizá porque era de algún lugar de América del Sur y no de Hannover.

Tras disfrutar de desayuno, zumo, café y varias fikas, nos fuimos a Treptower Park a dar un paseo. Hacía un día precioso y los chickenlagers eran paseados por sus flasheadoras de pollos. Cada poco tiempo yo demandaba parar a tirarnos en la hierba y echar una fika. Y el primer Beer Garden que apareció en nuestro camino también pidió a gritos una jarra fresca. Qué bien sienta la primera jarra fresca de la mañana.


Después de seguir paseando en dirección la noria, llegamos al parque de atracciones abandonado que era nuestro destino. Allí nos subimos a un tren que te daba una vuelta por el recinto. Sólo veíamos árboles y bien podíamos haber estado en las selvas de Ecuador. Planes raros de sábado, mis favoritos. Me acordé mucho de Pachi y el Tibidabo. Y en el tren había un chico clavado a nuestro amigo SHIA LABEOUF.

Bajamos del tren y yo pedí una Becks y Lucha un agua. El día anterior yo había dado un trago a un agua que no me había sentado nada bien, así que supe mantenerme alejada de ese líquido infernal.
Nos hicimos fotos en lo que quedaba de atracciones, y estuvimos girando en las tazas de Alice in Wonderland a ritmo de Bon Jovi. Porque yo todo lo hago a ritmo de Bon Jovi. Y cómo disfruté. Si es que amo los parques de atracciones, voy a tener que ir a más.

Tras marearnos un ratejo, nos fuimos a hacer algo cultural, en honor a mi padre. Fuimos al monumento al soldado soviético, y estropeamos las fotos de boda de una inglesa hortera y su nuevo marido germánico.

Después, comimos pistachos y schoko-bons del Edeka en el parque de al lado de casa, mirando cómo la gente jugaba, bastante mal, al ping pong.
Al llegar a casa Sam tenía hambre, así que yo sugerí ir a comer pizza fuera. Saltamos en el tranvía que te deja en la puerta de Pizza Dach, donde pedimos 4 platos para 3. La gente come mucho, ya os lo he dicho.

Vuelta a casa y convocatoria en Hops & Barley para tomar cervezas caseras calientes y espesas. No son mis favoritas, pero la tercera siempre se bebe gustosamente. El camarero nos trató con cariño hasta que tuvo que pedirnos por decimoquinta vez que nos fuéramos dentro que estaba cerrando la terraza.
En dicha terraza estuvimos sentados al lado de tres personas muy tristes a las que apodamos The Suicide Club. Yo trataba de hacerlos reír desde la distancia, pero estaban ahí, sentados, mirándose entre sí, sin hablar. Pobres.
Dentro no había mucho espacio así que nos fuimos a otro bar llamado Die Tagung. Es un sitio de bellísima decoración y espeso humo de fika. Dentro había un bull dog maravilloso que me quería. Me quería y venía hacia mí a que rascase su morro arrugao, cuando su dueña gorda alemana punki tiró de su correa para impedirlo. Las dueñas de perro alemanas son gordas y punkis, y no te dejan tocar a sus perros, que son obedientes y cariñosos. Me extraña mucho que salgan perros tan fieles y buenos de ballenas maleducadas como esas. Pero eso es lo que hay.
Después de que gente de Extremadura me abrazase y generase mis “WTF” habituales, nos fuimos al White Trash a bailar, asegurándonos esta vez de que sí estaba abierto.

En el White Trash pagamos dos millones por entrar y pedimos unas cervezas. Y nos encontramos a los mods del jueves (que no los mods originales). Les preguntamos qué tal el concierto de Blur. Y aquí es cuando no nos contaron nada en absoluto sobre el concierto, sólo decidieron deleitarnos con la historia de que la noche anterior habían estado con Damon y Alex en el 8mm, enseñándome fotos y todo. Mi indignación no conoció límites. No entiendo por qué me sobrevino esa mala suerte. Podríamos habernos amigao a Alex, y hablar de quesos. Podríamos habernos amigao a Damon, y no tener que ir más a espiarle a Westbourne Grove. Nos pareció tan trágico que Lucha decidió decirle a uno de los mods que podía dispararse con una escopeta en las pelotas. Pobre chaval, no era su culpa que él estuviera en el lugar adecuado en el momento adecuado y nosotras no.
Lo que me consuela es que si hubiese conocido a Damon, el grillo se habría vuelto completamente majara de la envidia provocada, y ahora estaría loca gritando por las montañas como Nell.

En la parte de abajo del club ponían psicodelia y la gente estaba más en el mood de subir arriba a escuchar noventadas, así que allí acudimos. El escenario estaba vacío y la música no era muy alentadora. Hasta que pusieron Dancing with Myself, que nos llevó a saltar y gritar como auténticas cabras. Con este inicio llamamos la atención del Club de los Nerds que sale por primera vez. Y al escenario se subieron una panda de feos mal vestidos que eran para tener su propia película. Con chalecos de punto y camisetas baratas, cantando Offspring a pleno pulmón.

Los chicos nos abandonaron y nosotras deambulamos de un piso a otro, de fuera a dentro, buscando exactamente el punto de diversión adecuado, y siguiendo a “Camiseta negra”.

Fuimos al 8mm a ver qué se cocía. Sabíamos que Damon no iba a estar, de todos modos. FAILURE.

En el camino, Lucha dijo “siempre he querido hacer esto”. “Esto” en principio consistía en lanzar la botella de cerveza vacía y romperla contra el suelo. “Esto” resultó consistir en levantar la botella de cerveza medio llena hacia arriba, empaparse la espalda, el pelo y la falda de cerveza y luego dejar caer, a poco más de dos metros, la botella contra el suelo.

Había que pagar en el 8mm. Ni entramos. Vuelta al White Trash.

Esto es un carro de la compra atado con cinta aislante a un árbol. Berlín.


Nos perseguían unos tipos que Lucha describió como “son más australianos que Melbourne”. Cuando por fin se sentaron en nuestra mesa a charlar, eran australianos. De Melbourne. Yo escondí mi cabeza entre mis manos mientras me reía hasta la muerte. Quisieron entrar a bailar Rage Against The Machine. Tuve que acceder. Y luego tuve que huír.

Nothing good ever happens after 2 AM. Así que, de nuevo, sobre las 4 AM, taxi, más sobrias que unos tertulianos islámicos.

Otra tradición de mis visitas a Alemania, que también me recuerda a Pachi, es que los taxistas te dejen a kilómetro y medio de tu destino. Tú te subes a tu taxi, y le dices la calle a donde vas, y como no seas preciso desde el primer momento, te dejarán a tu suerte en una calle más larga que Broadway. Parece imposible, una vez paran el coche, decirles “No, pero es que voy ahí, que está a cuatro manzanas”. Yo no hablo suficiente alemán como para poder dar tal indicación, pero me comentan que da igual cuánto alemán hables. Así que nada, señor taxista, gracias por dejarme a cuatro manzanas de mi casa, ya si eso voy yo andando después de pagar 13 euros.
Esto me recuerda a Pachi porque él decidió decirle a un taxista en Berlín que si eso nos dejase a mitad de camino, que hacía buena noche, en Halloween de 2010.

El domingo Luch tenía que trabajar. Yo suelo irme de tour, pero el domingo tenía ganas de hacer la marmota. Hice la marmota durante varias horas, hasta que salí a desayunar a las 16:27. Os dije que tenía mucha precisión.
Fui al Szimpla, como es tradición. Yo voy al Szimpla con mi Empire y pido Soya Milsch Kaffees sin parar. Primero lo pido en alemán. Me preguntan en alemán que dónde estoy sentada, y yo contesto en alemán que en la zona de fumadores. Y ahí es cuando me contestan otra cosa y yo me hago pequeña y digo “SORRY?” porque no me he enterao de nada. Realmente nunca es importante esa tercera interacción, y eso lo he aprendido después, y sólo hay que decir “Danke schoen” y marcharte a tu sitio.
Estuve allí, disfrutando de mi Empire y mi café, y luego pedí otro café. La camarera me miró sorprendida “OTRO?!” como si hubiera pedido doce chupitos de Jagermeister. Este fue, curiosamente, el día en que proliferó a muerte la comparecencia de Ana Botella y la relaxing cup of café con leche.



Lucha vino a recogerme. El plan del domingo era tener un día tranquilo y sosegado, así que fuimos a brunchnear por el barrio y luego al cine a Potsdammer Platz. Es tan brutal el recinto de Potsdammer Platz, futurismo capitalista maravilloso.
En el cine decidimos Channear todo el Tatum e ir a ver White House Down. Menudo peliculón, amigos. Tiene todo: chickenlagers, graciosillos, explosiones, comebacks, planos aereos de Washington DC... Menudo disfrute, menudo planazo.

Otra cosa que tiene Alemania es que todo es gigante. La gente no es tan grande como se creen, pero los objetos que manejan definitivamente están diseñados para una raza aria de metro noventa. Champú? Claro, toma un bote de 7 litros para que te dure toda la vida. Pasta de dientes? Claro, toma un tubo que serviría para cepillar la dentadura de un caballo durante 18 meses. Palomitas pequeñas? Claro, toma este recipiente para ver doce pelis seguidas en las próximas 48 horas.

Después del cine queríamos tomar una tranquila cerveza, y probamos varios sitios. Acabamos en el Feuermelder (Follalmendras), donde ya hemos estado varias veces (incluyendo la visita con Chaquetadeabuelah®). Allí, bebíamos y echábamos fikas, y Lucha se durmió en la mesa. Hora de irse a casa.

Y hora de dejar de escribir por hoy.
Hasta luego.